Entré en aquel antro escabado en la piedra, era el lugar más remoto y la compañía más extraña que nunca pude tener. La situación tampoco ayudaba. Me encontraba con dos negratas de guardaespaldas cada uno con una gran pipa bajo el brazo, y yo innexperto en estas artes, con otra arma la cual me escocía el acero a su tacto. Todos los presentes en la sala de fiestas nos observaron. ¿Nunca habían visto a un puto blanco?, ¿Qué cojones miraban? La música seguía con su compás latino, mientras parecía que caía hielo sobre la espalda de cada miembro del habitáculo.
Estaba nervioso, nunca antes había hecho eso, pero hoy me apetecía otro tipo de diversión. Me acerqué a la barra y el barman con desconfianza me puso el mejor ron habano que podían tener ayí.
pausiblemente me senté, los gorilas me acompañaron, introduje la mano en el bolsillo interior de la chaqueta de lino blanca que llevaba y saqué la pitillera. Fumé, bebí y me intenté ir hasta que noté un acero en mi nuca. Ahora era yo el que tenía hielo en mi espalda.
- No queremos blanquitos en nuestra zona...
Creo que empecé a sudar más de la cuenta por que hasta los calzoncillos se me hacían pequeños...
también creo que los gorilas pillaron la indirecta, se sacaron las pistolas y hablaron entre ellos en un dialecto que desconocía.
La situación se descontrolaba, empezaron a elevar la voz y todo el mundo estaba nervioso por tanta arma fuera de sus fundas, una cosa anormal ya que todos poseían pistolas pero no las usaban.
Como si de un trueno se tratase el cañón escupió un 9 mm que desplomó como a un árbol y comenzó la traca de fuegos artificiales en el local.
Caí al suelo y conseguí arrastrarme hacia la puerta.
Corri todo lo que pude por aquellos caminos de tierra y pobreza hasta más o menos llegar al complejo en el que me hospedaba.
Tuve la suerte de esquivar a los guardias de la entrada por el cambio de turno de las 4, llegue mi habitación y ahogé mi pensamiento en la bañera...
A la mañana siguiente los periódicos lo catalogaron como un ajuste de cuentas.
Habían omitido el hecho de que un blanco fue a un bar de negros a introducir sus narices... pero si así fuera no salvaguardarían la imagen idílica de paraiso terrenal turístico como es el caribe.
Playas de ensueño, complejos hoteleros carcelarios y mucha tensión racial.
"malihini pilikia"
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